Rubén Feijoó Martínez

Autor

Cuándo vives con una amputación, las miradas ya se convierten en algo tan cotidiano como beber agua; y más aún si como en mi caso, se nace con la amputación. Acostumbrarse a esto es complicado, a nadie nos gusta que nos miren con esa especie de rechazo o desaprobación, o incluso con la típica mirada de pena; algo que las personas con discapacidad vivimos a diario. Un momento en el que lo ves claramente es durante la niñez, cuando hay otros niños que simplemente no quieren jugar contigo por el simple hecho de ser distinto, esto en mi caso ha cambiado, ya que a partir de los 13 años, dejé de darle importancia a ello. Aunque hoy en día no me moleste en absoluto y no me importe explicarle a un chaval el porqué de mi discapacidad cuando me preguntan “¿Qué te ha pasado en la mano?”, lo cierto es que es algo un tema algo complicado para muchos otros.

Desde que tengo una prótesis he notado un cambio enorme en como son esas miradas cuándo voy por la calle, ya no son de pena ni de desaprobación; si no que son como de alucinación o consternación, si bien lo que cambia es el tipo de educación, pues hay quien me ha preguntado si podía lanzar rayos láser o cosas por el estilo en plan Terminator. Todo esto tienen mucho que ver con cómo vemos a las personas con discapacidad, en mi caso al ser una discapacidad física que con la que he tenido que lidiar desde pequeñito, ahora puedo hacer prácticamente cualquier cosa, por lo que la sociedad crea una mayor aceptación que con otros casos. Y lo cierto es que si bien es complicado lidiar con una discapacidad, también depende de la magnitud de ella, en mi caso, de pequeño siempre llevaba las manos en los bolsillos para que la gente no se diera cuenta de mi amputación. Tanto con o sin prótesis, ya no escondo ese rasgo tan característico que tengo, como ya comenté antes, acabas aprendiendo que es algo “normal”. Otra de las cosas que me ha cambiado mucho es a la hora de comer, por muy raro que esto pueda parecer, hay un cambio psicológico importante al no tener que comer a menudo metiendo el muñón en el plato, ya que ahora soy capaz de coger los cubiertos de forma correcta y comer de una forma más adecuada. Más allá de la imagen social y la capacidad de comer, otro punto que cabe destacar es el de poder hacer muchas tareas sin tener que recurrir a una “pinza” contra el pecho, una de las cosas que puedo hacer es ir comiendo algo que esté en una bolsa o bote sin llevarlo pegado al cuerpo. 

En resumen, el tener una prótesis ha cambiado en mucho aspectos mi faceta, al ser capaz de realizar muchas más cosas de una forma más adecuada y sencilla, hay una mejora psicológica que hace que te sientas mejor y más productivo al igual que capaz. Aparte de los muchos comentarios que recibo en plan Terminator o cyborg, que realmente mejoran de forma significativa mi moral. 

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